Son muchos los accidentes graves originados como consecuencia de los movimientos sísmicos, siendo el más reciente de todos el de Fukushima, que sin duda todavía sigue en la retina de todos nosotros. Casos como este último, dejan claro que las instalaciones deben ser correctamente evaluadas y  que se deben tomar las medidas de autoprotección adecuadas.

En multitud de ocasiones los factores naturales (inundaciones, incendios forestales, etcétera) se encuentran detrás de escenarios de emergencia interna en las industrias, ya sea de manera directa, o de manera indirecta, al concurrir varios fenómenos. Por ello, es muy importante que la Evaluación de Riesgos se realice de manera correcta y global, teniendo en cuenta tanto los factores internos (los derivados de la construcción de la planta, de las instalaciones, de la actividad,…) como los factores externos (derivados de condiciones naturales y los derivados del entorno). En esta entrada, nos centraremos en los riesgos sísmicos, dejando los otros riesgos naturales para futuras entradas en este blog.

Protección Civil, a través de su Norma Básica y la Directriz Básica de Planificación ante el Riesgo Sísmico, acomete un planificación especial para hacer frente a la posibilidad de que este riesgo pueda generar consecuencias desastrosas para las personas y los bienes. Esto se traslada a las Comunidades Autónomas mediante los Planes Territoriales y Planes Especiales de Riesgo Sísmico, en donde se establecen los servicios y recursos que proceden para hacer frente a los sismos. Algunos ejemplos de dichos planes son los siguientes: Plan Territorial de Protección Civil de Navarra, Plan Especial frente al Riesgo Sísmico en Galicia.

En los Planes Territoriales y Planes Especiales, se suele disponer de planos de peligrosidad sísmica (Peligrosidad Sísmica Navarra) y demás información que nos proporcionará ayuda suficiente para comenzar a evaluar el riesgo sísmico en nuestra ubicación. Si no ha sido así, existen diversas entidades públicas que facilitan información a ese respecto, como por ejemplo el mapa de Peligrosidad Sísmica del Instituto Geográfico Nacional. Además, hoy en día existen distintos tipos de aplicaciones informáticas como el SES 2002, que conociendo la peligrosidad sísmica del terreno y la posible ocurrencia de un sismo permiten simular los efectos que produciría cualquier terremoto.

Simulación del un seísmo en Mula (Murcia). Fuente: Simulación de Escenarios Sísmicos (SES 2002)

Llegados a este punto, únicamente nos queda aconsejaros que actualicéis la Evaluación de Riesgos de vuestras instalaciones además de generar medidas internas que comprendan tanto recursos materiales como humanos-organizativos para la autoprotección frente a dicho riesgo. Aprendamos de los ejemplos históricos, tomemos las medidas necesarias para disminuir la incidencia en nuestros centros, y planifiquemos las acciones a tomar. ¿Qué acciones tomar…?. Eso sería objeto de otra entrada en el blog…